lunes, 14 de noviembre de 2011

A falta de pan buenas son tortas

Castilleja de la Cuesta puede y debe enorgullecerse de muchas cosas. Un término municipal de poco más de dos kilómetros cuadrados de superficie resulta suficiente para granjearse, por voluntad popular propia, el respeto y la admiración de quienes habitan allende sus fronteras. Así lo ha evidenciado su dilatada historia, como ha puesto de relieve nuestro vecino y prolífico historiador Juan Prieto Gordillo, toda una eminencia en estas lides. Así, su colección ‘Castilleja de la Cuesta. Puerta del Aljarafe’ supone todo un referente para el análisis y estudio de la historia castillejana en cada una de sus vertientes. Hasta la fecha ya han sido publicados dos magníficos volúmenes: ‘Calles Históricas’ (2009) e ‘Historia Social’ (2010).

Velá de Santiago
En momentos en los que Castilleja está lastimosamente de actualidad por su más que deficitaria gestión política, conviene –aunque sólo sea por mera cuestión reivindicativa– echar un poco nuestra mirada hacia aquellos componentes que, de alguna u otra manera, le han otorgado a lo largo del tiempo cierto empaque y solera.

Nuestras dos hermandades componen el elemento cultural más destacado en la identificación tanto interna como externa del pueblo, a pesar de la injerencia en las últimas décadas de algunos factores de riesgo (pertenencia al área metropolitana de Sevilla; venida de nuevos habitantes con el consiguiente riesgo de conversión en un despersonalizado barrio-dormitorio; surgimiento de gobiernos políticos menos sensibles a la idiosincrasia autóctona, etc.). Pese a ello, aún hoy día consiguen erigirse como los únicos y más firmes baluartes de esa granada historia, a lo que ha ayudado sin duda alguna la conservación y puesta en valor, durante generaciones, de un enorme y variado patrimonio (monumental, artístico, documental y –muy especialmente a mi juicio– sentimental) y de sus principales celebraciones festivas (Semana Santa, Domingo de Resurrección, Santiago e Inmaculada fundamentalmente); éstas últimas constituyen por sí solas, pese al insuficiente respaldo institucional, el mayor reclamo turístico de la villa. En este sentido, me parece realmente interesante el estudio antropológico sobre las hermandades de Castilleja realizado en 1983 por Encarnación Aguilar Criado.

¡Viva el Rocío! (Hermanos Reyes, 1970)
Pero hay muchos más motivos para sentirnos orgullosos de nuestro pueblo: ha sido morada de ilustres personajes a los largo de su longeva historia (Hernán Cortés, Fray Antonio Vázquez Espinosa, la marquesa de Lebrija, los duques de Montpensier, Gabriel Torres de Navarra y Monsalve, Juan Oliver, Rafael Bellido, etc.); cuna de afamados cantaores (Los Hermanos Reyes como máximo exponente); cuenta con una gastronomía con seña de identidad propia (nuestras famosas tortas comienzan a elaborarse allá por la segunda mitad del siglo XIX); sin olvidar, por supuesto, la particularidad del proceso de conformación de su territorio, donde los avatares del tiempo, la propia disposición natural y estratégica del mismo y la impronta de las diferentes civilizaciones en él asentadas jugaron un papel tan decisivo como atrayente para su estudio.

Pero es que hay más; por el denominado mes de los difuntos y las posteriores fechas de adviento emerge con luz propia toda una institución en Castilleja, el renombrado Coro de Campanilleros ‘Nuestra Señora de la Soledad’. Un privilegio al alcance de muy pocos pueblos, pues a su relevante antigüedad (su actividad es segura ya a fines del siglo XIX) suma una gran calidad en la interpretación y el férreo respeto hacia las formas tradicionales. Desde su origen y hasta la fecha, el coro (genuinamente masculino) ha llevado siempre a gala por todos los rincones de la geografía española en los que ha actuado tanto el nombre que lo identifica como su lugar de procedencia.

Coro de Campanilleros 'Ntra. Sra. de la Soledad'
En definitiva, si por algo se caracteriza este bendito rincón del Aljarafe sevillano es por haber conservado contra viento y marea su marcada personalidad. A ello, aunque algunos no se lo crean, han contribuido por supuesto sus cofradías, sus bandas (ésas a las que ahora se les invita desde el poder a seguir ensayando a la intemperie), sus cohetes, sus entrañables Jornaditas, sus velás, sus peñas futbolísticas, sus Madres Irlandesas, su excelsa repostería, su arraigada cultura empresarial, su querencia al asociacionismo, su gusto por el flamenco… 

Las tortas son genuinas de Castilleja
Hay quien pensará que me he puesto demasiado nostálgico y pedante con las cosas de mi pueblo. Que tendría que haber escrito y opinado sobre problemas actuales, como por ejemplo el preocupante conflicto que mantiene el señor alcalde con la Policía Local y todo lo negativo que ello acarrea. Es posible. Eso sí, tengo que reconocerles que durante unos minutos me he deleitado sumamente escribiendo sobre todo aquello que yo también considero mi maravilloso mundo. 

5 comentarios:

  1. Enhorabuena Enrique por el magnífico blog.
    Me ha encantado la entrada, ya era hora de que alguien reivindicara la identidad que perdimos, la que no ha entendido nunca de izquierdas ni derechas, la identidad de un pueblo que siempre se bastó y se sobró, por historia y tradición, ser ejemplo del Aljarafe para mayor orgullo de los que en él habitan. Esa Castilleja de la Cuesta que se les queda grande a sus gobernantes.

    Un saludo!

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  2. En pie:
    Ha hablado Castilleja de la Cuesta.
    ¡Casi ná!

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  3. ¡¡Sencillamente genial!! como todo lo que tú haces, en este caso escribes, verdades como puños y bien escritas, eres un ejemplo a seguir por muchos jovenes, enhorabuena es un placer leer tus comentarios..

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  4. Muchas gracias por sus palabras y por el mero hecho de visitar mi blog. Me agrada enormemente que le haya gustado. Un saludo.

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